Empieza por las preguntas del cliente.
Escribe tus servicios con los nombres que utiliza quien te llama. Explica a quién atiendes, qué necesita preparar y en qué zona trabajas. Una frase concreta aporta más que una lista de adjetivos.
Por ejemplo, un taller puede explicar qué reparaciones realiza y cómo pedir cita. Un restaurante puede facilitar carta, horarios y reservas. Son ejemplos de información; cada negocio debe confirmar la suya.
Haz visible el siguiente paso.
Decide qué acción tiene sentido: llamar, pedir una cita, solicitar un presupuesto o consultar disponibilidad. Mantén el contacto fácil de encontrar, con enlaces que funcionen en móvil.
Prueba la web desde un teléfono.
Abre las páginas principales y trata de contactar. Comprueba que puedes leer sin ampliar, que los botones no se pisan y que un menú o aviso no tapa lo importante. Revisa también formularios y mensajes de error.
Conserva el control del dominio.
Comprueba a nombre de quién está registrado, quién puede renovarlo y cómo acceder a su gestión. Acordar que alguien gestione la configuración técnica no debería confundirse con ceder su propiedad.
Pide un alcance escrito para el mantenimiento.
Antes de comparar cuotas, revisa alojamiento, copias, ajustes de contenido, soporte y ampliaciones. Pregunta qué incluye un cambio pequeño y qué requiere presupuesto aparte. Las condiciones de salida también deben ser claras.
Cómo encaja el SEO.
El contenido útil y una estructura comprensible ayudan a explicar la web. No aseguran una posición concreta ni sustituyen el resto de factores de búsqueda.
Referencia: Guía oficial de SEO de Google.